Inicio » Catálogo » Las agonías insulares de Miguel de Unamuno
Canarias registra (además de una amplia y variada creación genérica) una especial receptividad crítica, sobre todo en lo relacionado con su acontecer cultural; y esta atención es promovida por la conveniencia un cambio de sentido en la propuesta de una definición nueva o complementaria. Un segmento en verdad decisivo para los estudios literarios en las Islas es el abarcado por el Modernismo; de la abundante bibliografía extrainsular sobre aquel movimiento, son escasas las investigaciones que recuerdan la contribución de las Islas a la conformación del mismo, o a su especificidad. Pienso en los ya lejanos estudios de Pedro Salinas, Díaz-Plaja o Laín Entralgo, de los que se nutrieron numerosas promociones de filólogos; e inclu so en los posteriores a aquellos, y que firmaron Rafael Ferres, Ricar do Gullón y Lily Litvak. La excepción en este ámbito la representa el estudio de José-Carlos Mainer, La edad de Plata (1902-1939), que en los medios del pensamiento insular tuvo el signo de una restitución aguardada. Y parecida gratitud alcanzó el breve ensayo de Jaime Siles “La poesía de Tomás Morales” (1985).
A propósito de las aproximaciones que se han acometido “de puertas para adentro”, hemos de recordar aquí los nombres de Joaquín Artiles, Alfonso Armas, Sebastián de la Nuez, Francisco Navarro Artiles, Lázaro Santana, Juan Jesús Páez, Yolanda Arencibia y —si se me permite— el del responsable de estas línea, entre los de otros. No siempre es el mismo, por fortuna, el sentido de sus conclusiones, aunque en el enfoque del que se sirvieran se hallaba implícito el conocimiento del contexto en que estaba ubicado el objeto de estudio. Por lo que concierne al autor de estas líneas prologales ha de confesar su inclinación a disentir de la autoridad de “definiciones previas” que se atienen a una visión uniformadora y centrípeta y a la que en verdad poco o nada importa el fenómeno espiritual que acontece en un margen, por no contravenir el esquema. El falso déficit que para la filología extrainsular ha venido afectando a la cultura canaria —hablo en términos generales— es achacable a olvidos o a desatenciones sólo resarcibles con la entrada de aquel acerbo atlántico en el circuito crítico del pensamiento y las literaturas hispánicas.