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La obra de Vicente Hernández Jiménez: homenaje al cronista de la Villa de Teror

Vicente Hernández Jiménez

La obra de Vicente Hernández Jiménez: homenaje al cronista de la Villa de Teror
Precio: 20.0 €
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ISBN 978-84-96577-39-8
Edición 1
Año 2006
cartoné
402 páginas
23x17
Historia

Sinopsis:

La indiscutible talla humana de don Vicente Hernández Jiménez, su honda vocación de cronista y memorialista y la sinceridad de sus palabras paternales son razones más que suficientes por las que no me he podido negar a su invitación para que escribiera el prólogo de esta obra. Hombre, tiempo y palabra constituyen, pues, una feliz confluencia en la persona del autor de este libro, Cronista Oficial de la Villa de Teror.
A nadie se le oculta que es casi imposible resumir en unas líneas preliminares el contenido y la trascendencia de una obra recopilatoria, que es plural tanto por los diferentes momentos de su génesis y por los diversos temas que aborda, como por la distinta intensidad de su característica investigadora. Lo propio se podría decir de su autor, un hombre felizmente octogenario, testigo directo de la vida de su pueblo y de la Isla, y conocedor de un siglo plagado de convulsiones sociales y avances tecnológicos. Sin embargo, el honor que me concede merece, por mi parte, la humilde dedicación a esta tarea de síntesis.
Por parte de quienes nos aventuramos en reflexionar sobre la construcción del pasado, siempre resultan recurrentes las relaciones que existen entre Crónica e Historia. Y es que el hecho de ser dos géneros que están muy próximos, unas veces -llevados, sobre todo, por urgencias simplificadoras – se establecen puentes y otras, en cambio, se hace necesario establecer deslindes. Soy de los que piensan que en el ámbito metodológico existe una clara dicotomía entre crónica e historia. La crónica debe entenderse como una unidad histórica mínima, un acontecimiento significativo en el ámbito de la comunidad; en cambio, la historia es la razonada y contextualizada interpretación de esos acontecimientos mediante el uso no sólo de una metodología adecuada, sino de un preciso y elaborado discurso narrativo que le dé sentido a los materiales que se manejan. Todo ello, teniendo en cuenta que, en rigor, el pasado es una realidad que ha dejado de latir y que sólo se hace presente a través de una construcción narrativa, organizada y sistemáticamente elaborada desde el momento actual, partiendo de las huellas que ese pasado nos ha puesto delante.
En La obra de Vicente Hernández Jiménez. Homenaje al Cronista de la Villa de Teror encontramos los géneros clásicos que fundamentan la construcción del pasado como son la crónica, la historia y la memoria, y que, en este caso, están funcionalmente ceñidos al ámbito comarcal del municipio de Teror.
Las crónicas aquí recogidas tratan sobre temas etnográficos, paisajes, acontecimientos o biografías de personajes. Son textos que nacen con un propósito divulgativo, escritos a modo de pincelada para ser publicados en el limitado espacio de un periódico y que, narrados con estilo directo, acarrean múltiples datos que ayudan en gran medida al desve-lamiento del pasado de la localidad.
Con un peso específico, en esta obra existen muchas páginas de historia, en las que se percibe el trabajo de investigación en archivos y hemerotecas, el manejo de fuentes primarias junto con múltiples referencias bibliográficas que fundamentan este riguroso trabajo. Así, ha surgido una historia narrativa que abarca todo el espectro sociocultural, económico, político, civil y religioso de la Villa de Teror, que tiene un indudable sentido de primera interpretación y que queda abierta a futuros tratamientos en el marco de una historia global de la Villa.
En la obra de Hernández Jiménez se entrelaza, además, el recurso de su memoria como hombre de su tiempo. Son las páginas en las que el autor expresa su vivencia personal, a veces con expresiones que desvelan una leve nostalgia y cierta idealización del tiempo pretérito, pero sin caer en exaltaciones vacuas. Estos textos tienen la frescura de quien ha sido testigo de los acontecimientos y que llegan a nosotros a través de un nítido recuerdo. El cronista ha estado allí, en el lugar del acontecimiento, y a partir de esa vivencia el texto se amplía con su saber, con datos, fechas y otras aportaciones documentales. No es una crónica impresionista, ni literaria, sino que surge clara, pretendiendo ser objetiva y sin adornos metafóricos.
Estas tres distinciones metodológicas, que han venido a dar un giro significativo a la obra realizada por anteriores cronistas terorenses, tanto por la amplitud y la diversidad de los temas abordados como por el tratamiento de las fuentes documentales, se complementan con la rotunda convicción con que Hernández Jiménez actúa como Cronista Oficial de Teror. Me refiero al posicionamiento concreto sobre temas relativos a la defensa del patrimonio cultural en sus vertientes histórica, artística y etnográfica, al rescate de las biografías de personajes populares y la de autores que han escrito sobre la Villa, a la conservación de la toponimia local, etc. y que, en conjunto, hacen que don Vicente Hernández Jiménez, con la prudencia que le caracteriza, sea un acendrado defensor de la ‘cultura de medianías’, un espacio singular en el marco de la Isla, que ya empieza a sufrir la agresión del desarrollismo feroz que afecta a toda Gran Canaria. Ello desvela, aunque sea en momentos coyunturales, la atenta disposición de un ciudadano independiente y objetivo al abordar los temas de su competencia, que no son otros que los valores simbólicos de su villa natal.
Este libro está precedido de un estudio introductorio realizado por Gustavo A. Trujillo Yánez, un joven historiador de la villa, quien, además de coordinar la edición, ha hecho una lectura atenta y rigurosa de la obra de don Vicente, situándola tanto en el concreto devenir de la historiografía local como en lo que tiene de aportación a la historia de la Isla.
En este sentido, quiero subrayar que la Villa de Teror es un espacio singular en el marco de Gran Canaria. Por una parte, es depositaria de la simbolización espiritual de toda la Isla, y, además, se muestra como referencia de villa comarcal de las medianías isleñas, con su peculiar estructura socioeconómica, sus aguas, fincas y barrancos, y con una sociedad agraria, ahora mismo, como queda dicho, sometida a las presiones de la circundante vida urbana. Es un lugar con espíritu isleño y canario, abierto al devenir de la historia.
Don Vicente está unido a Teror y Teror está unido a don Vicente. Personaje y pueblo constituyen una simbiosis singular. Don Vicente es ese personaje del pueblo que su primer acto público consiste en ir a comprar la prensa, en un quiosco del Real de la Plaza del Pino. Es un gesto que define al hombre deseoso de saber qué pasa en el mundo y que evidencia su curiosidad por el presente, por lo que está sucediendo en el entorno. Su formación pedagógica y jurídica y sus conocimientos de la Administración Pública le llevan a obtener una interpretación exacta de las cosas, desde su propia perspectiva, a interesarse por la Isla y por el mundo. Luego se asoma al balcón de su casa, en la calle Real de Teror, y allí, apoyado en su bastón, comienza un idílico juego entre el tiempo y la mirada. Se le dibuja la comunidad concreta, lo que fue la Iglesia, la calle Real, la Casa de los Patronos, los balcones del casco urbano, los personajes que pululan por el entorno, los que entran y salen de los comercios…Y todo ello va pasando por su memoria clarividente.
Pero don Vicente tiene la virtud de que no rememora ese mundo pasado con nostalgia, sino que su recuerdo pronto lo convierte en texto, lo sustenta en datos y fechas, y nos lo entrega vivo y actual para que nosotros, los de las generaciones más jóvenes y los futuros habitantes de la comarca contrastemos la Villa de hoy con el Teror de antaño. Esas son sus virtudes objetivas. Teror, con esta obra tiene el privilegio de celebrar, gracias a su Cronista Oficial, la fiesta de su memoria.

El autor:

Vicente Hernández Jiménez
Cronista de Teror

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