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Néstor Álamo Hernández

Amado Quintana Afonso, José Luis Yánez Rodríguez

Néstor Álamo Hernández
Precio: 17.0 €
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ISBN 978-84-934168-2-9
Edición 1
Año 2013
cartoné
390 páginas
150 x 210
Los otros cronistas del Pino y Teror
Biografía

Sinopsis:

Afrontar cualquier nueva aproximación a la obra extensa, variada y diversa de Néstor Álamo supone, como ya en una ocasión sugirió Jerónimo Saavedra Acevedo en la Casa de Colón, abrir “…una dimensión, olvidada por la generación actual, para conectar directamente con nuestras raíces”, algo que, si tenemos muy presente, contribuirá a acercarnos de forma más precisa, minuciosa y enriquecedora la compilación de sus escritos sobre Teror y la Patrona de Gran Canaria.
Pero tampoco en este ámbito podemos olvidar que Néstor, Cronista Oficial de la Gran Canaria y durante años corresponsal y habitual colaborador de periódicos isleños y de otros foráneos como ABC, La Vanguardia o la Revista Destino, fue al igual que muchísimos de los creadores coetáneos suyos un verdadero “…hombre polifacético. Un autodidacta que hizo incursiones, con éxito, en diversas disciplinas. Desde la historia, la arquitectura, la restauración ó la música, hasta el diseño, la literatura, la dramaturgia ó el periodismo…”, según subraya Luis Armando Doreste en su obra Néstor Álamo, una biografía inacabada, en las páginas del primer capítulo, dedicado a como en 1906, año en el que por vez primera visita el Archipiélago un Rey de España, el entonces jovencísimo Alfonso XIII, con el nacimiento del autor del hoy Himno Oficial de la isla “se enciende una luz en Gran Canaria”, pues además, según resaltó el profesor Antonio de Bethencourt Massieu en su presentación de esta obra “…lo que lo caracterizó, caracteriza y caracterizará sobre todo, fue su infinito amor por Gran Canaria, por su Isla”.
Quizá por ello el que fuera el último jalón significativo de su geografía vital y creativa, su tienda y taller de restauración de antigüedades de la calle de La Peregrina, lo convirtió en un verdadero ágora de grancanariedad, en el que a diario se daban más de una reunión o tertulia para debatir o reflexionar de muchos temas de actualidad o históricos que él siempre contemplaba a la luz de toda la trascendencia que podían o debían tener para Gran Canaria, tomándose muy a pecho, y como cosa propia, cualquier asunto que pudiera afectar mínimamente a la Isla y a sus gentes, sin dudar en echarnos una enérgica reprimenda, con epítetos fuertes y algún que otro taco o palabra malsonante incluida si era necesario, para resaltar la gravedad que le veía al asunto, aunque luego, enseguida, cambiaba hasta su semblante, que se dulcificaba, pedía perdón y nos decía que debíamos comprender su enfado y preocupación, pero el asunto lo merecía.
En ese mismo despacho de esta calle trianera, en la que compartía acera y encuentros diarios con otro importante escritor grancanario, José Miguel Alzola, a propósito de un opúsculo que adquirí en Madrid a finales de la década de los años setenta, en el que, con motivo del Día del Libro de 1953, el doctor Gregorio Marañón resaltaba como “…donde el libro esté, sobra lo superfluo y la retórica se tiñe de inevitable discreción…”, al tiempo que destacaba a las bibliotecas como el lugar donde “…el pasado, el presente, el porvenir, todo lo que fue y todo lo que supo su autor; y su vida y la de su tiempo; todo está allí…”, Néstor me recordó un texto periodístico que su siempre bien ponderado Agustín Millares Torres había publicado a propósito de la inauguración del monumento al gran primer poeta canario Bartolomé Cairasco de Figueroa en junio de 1879 ―aunque en una de las placas que ornamentan este conjunto de fuente, pedestal y busto, diseñado por el primer arquitecto municipal de esta ciudad, Antonio López Echegarreta, esté inscrito el año de 1876, quizá por ser el momento en que inicialmente se pensó para esta ceremonia inaugural, aplazada luego dos años―, donde proclamaba, pese a haber sido uno de los promotores de este homenaje, que si el ubicar y descubrir monumentos a personalidades de la historia isleña, especialmente autores de obras impresas, como se daba en este caso, era algo que estaba bien, en realidad y a la larga no serviría para mucho, más bien para nada, si paralelamente no se imprimían o se volvían a editar las obras del festejado, pues con el tiempo para los ciudadanos de las futuras generaciones aquellos monumentos, ó incluso aquellas plazas y calles rotuladas con sus nombres, sólo serían un mero topónimo, al desconocer las obras que les hicieron acreedores de tal merecimiento y honra ciudadana.
Es algo que ahora, máximo cuando se da un paso útil y de interés al recopilarse y editarse sus trabajos sobre Teror y Nuestra Señora del Pino, también cobra actualidad y nos recuerda como una parte muy significativa de la obra de Néstor Álamo, que incluso nos atrevemos a citar en muchas ocasiones como si todos la tuviéramos al alcance de la mano, sigue esperando su edición y en casos su reedición, como pueden ser entre otros los títulos de El Almirante de la Mar Océana en Gran Canaria (1956), Thenesoya Vidina y más tradiciones (1959), El Obispo Verdugo y sus retratos (1962), la Crónica de un Siglo, de la que se reeditó un tomo y queda pendiente el resto, ó El demonio y la Virgen (1935).
A la par del orbe bibliográfico es indudable que la prensa diaria se convierte también en una fuente documental imprescindible para conocer a este Néstor defensor de la grancanariedad, de las “cosas de su Isla”, como gustaba decir, y junto a los artículos y entrevistas procedentes de periódicos insulares como Falange, Diario de Las Palmas ó Canarias7, también encontramos en otros peninsulares, como ABC de Madrid, un verdadero filón para acercarnos tanto a su parecer en distintos asuntos, como a la realidad de circunstancias diversas relacionadas con el patrimonio, las tradiciones y la historia isleña.
Es el caso de ABC, especialmente en sus ediciones de las décadas de los años sesenta y setenta del siglo XX, que se ofrece como un marco de referencia ineludible y valiosísimo para acercarnos tanto a la obra periodística de Néstor Álamo, como para encontrarnos con el resultado de algunas de sus investigaciones históricas. Aquí aparecen textos como el extenso artículo que publica el 2 de marzo de 1963 acerca de “Seis Rubens en Gran Canaria. …que pertenecieron a una dama isleña del S. XVII”, aunque en ocasiones son otros los que se refieren a su obra, como Claudio de la Torre que le dedica en 1959 un artículo titulado “Colón en Las Palmas”, a propósito de su libro El Almirante de la mar Océana en Gran Canaria.
Hay que destacar que si muchos artículos los firmaba como “Cronista Oficial de Gran Canaria”, en otras muchas gacetillas y crónicas puntuales lo hacía en su condición de “corresponsal de ABC”, incluso aquellas informaciones en las que tenía que denunciar situaciones y acciones que consideraba erróneas y contrarias a los intereses de su isla, caso de la demolición del coro de la Catedral de Canarias, artículo que apareció el 12 de febrero de 1964, y que culminaba exponiendo que “…es ésta la situación actual, de calificación muy difícil, de este problema que se ha convertido en obligada cuestión de repulsa ―no de debate― en todos los estamentos sociales de Las Palmas, de la isla y aún del archipiélago…”.
Temas de su interés como corresponsal entre los años 1963 y 1965, a los que dedicó artículos en los que a la información puntual añadía su particular visión de los asuntos que trataba, fueron los proyectos de circunvalación de la capital grancanaria, los de ampliación y mejoras del Puerto de La Luz ―al que también dedicó un amplio reportaje titulado “Un Puerto sobre El Atlántico: el de La Luz”, publicado el 18 de junio de 1963―, o la construcción de un nuevo hospital insular que reemplazara al viejo Hospital de San Martín, y para el que proponía como ubicación más idónea mirando al futuro desarrollo de la ciudad la “…nueva y vitalísima Ciudad Alta ―logro soberbio del Ayuntamiento de Las Palmas―…”, con lo que mostró, una vez más, su enorme y acertada perspectiva de futuro, pues en aquellas inmediaciones se construiría el actual Hospital de Gran Canaria Dr. Negrín.
Pero todas esas ideas, esa “filosofía” que apunta en sus artículos diversos, que se desprende de la esencia de muchos de sus libros bajarán del plano intelectual al de la realidad material gracias a la labor que, durante muchos años, ejerció como secretario y asesor cultural del presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria Matías Vega Guerra. Las propuestas y gestiones de Néstor Álamo favorecieron la creación del Archivo Histórico Provincial y la Biblioteca Provincial de Las Palmas de Gran Canaria, impulsaron la creación de la Casa―Museo de Colón, de la que fue su primer director, instalada en el corazón del núcleo urbano histórico donde los conquistadores castellanos fundaron la ciudad y por el que pasó el propio “Almirante de la Mar Océana”; además, participó en las gestiones para la creación del museo dedicado al novelista y autor teatral grancanario y universal Benito Pérez Galdós en su casa natal de la calle Cano. Pero no quedó aquí su labor de recuperación de espacios museísticos dependientes del Cabildo, que se amplió al realizar la restauración y creación en la ciudad de Telde del museo del que fuera ministro y embajador Fernando de León y Castillo; en esa misma población dirigió, muchos años más tarde, la construcción de la iglesia de Tara. En Santa María de Guía, su ciudad natal, siempre se recuerda como afrontó con eficaz acierto la restauración del Camarín de la Virgen.
Ahora, cuando se recupera esta serie concreta de artículos de temática terorense, es momento oportuno para recodar y resaltar, una vez más, que Néstor Álamo fue, en realidad, un comunicador nato, alguien que no se limitaba a estudiar, a investigar, a escudriñar el pasado, las costumbres, las tradiciones, la forma de ser y el alma de su tierra para volcar este conocimiento en sesudos y elaborados documentos a disposición de unos pocos especialistas, sino que, muy al contrario, buscaba siempre la forma más adecuada para poner toda aquella información, que él paciente y minuciosamente extraía de muy diversas fuentes documentales, bibliográficas u orales, a disposición de la inmensa mayoría de sus paisanos, de sus convecinos, a través de recursos estilísticos, literarios o periodísticos que atraían y atrapaban el interés de una amplia gama de lectores.
Néstor Álamo fue un verdadero intelectual hecho a sí mismo, con una voluntad y un impulso intelectual que hoy puede y debe ser una verdadera piedra de toque para que todas las presentes y futuras generaciones de grancanarios sigan avanzando en la cultura de esta tierra atlántica, de esta isla de Gran Canaria que él, de forma bellísima, en una de las múltiples descripciones poéticas que hizo de ella, veía como “…una redoma brizada por el mar. Las aguas, cariciosas, bruñen sus madréporas íntimas, y las playas curvan y recortan espadas de oros y aceros bajo el sol, por el litoral…”

El autor:

Amado Quintana Afonso
Abogado
José Luis Yánez Rodríguez
Profesor y Cronista Oficial de Teror

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